Sapo dorado

Sapo dorado

Sapo dorado

Familia: Bufonidae
Nombre científico: Incilius periglenes

Características

Es un anfibio de forma rechoncha, piel verrugosa y ojos saltones con pupila horizontal, característico de los miembros de su familia. Presentaba uno de los casos de dimorfismo sexual más extremos y asombrosos del reino animal: los machos adultos eran de un color anaranjado brillante, casi fosforescente y de textura lisa, mientras que las hembras eran notablemente más grandes y de coloración negra o verde oliva oscuro, adornada con grandes manchas rojas bordeadas de amarillo brillante. Los machos medían entre 41 y 48 milímetros de longitud, y las hembras oscilaban entre los 47 y 57 milímetros.

Tenía costumbres marcadamente terrestres y fosoriales (pasaba la mayor parte del año oculto bajo la hojarasca o en túneles subterráneos). Únicamente se congregaba de forma masiva en el agua durante unas pocas semanas al año, coincidiendo con el inicio de las lluvias, para llevar a cabo una reproducción explosiva en pequeños charcos temporales y pantanos del bosque nuboso.

Distribución

Era una especie microendémica de Costa Rica, lo que significa que no habitaba en ningún otro lugar del planeta. Su rango geográfico estaba restringido exclusivamente a una pequeña sección de apenas unos pocos kilómetros cuadrados en la zona alta de la Cordillera de Tilarán, dentro de lo que hoy es la Reserva Biológica Bosque Nuboso Monteverde, ubicándose de manera específica en parches forestales inundados y pantanos neblinosos a una altitud de entre 1.500 y 1.620 metros.

Peligros que enfrenta

Desafortunadamente, el sapo dorado está clasificado oficialmente como una especie Extinta (EX) por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). El último ejemplar vivo en estado silvestre fue avistado por científicos en el año 1989; tras décadas de muestreos e intensas expediciones de búsqueda sin éxito, se decretó la pérdida absoluta de la especie en 2004.

Aunque inicialmente su desaparición fue un misterio envuelto en especulaciones, investigaciones científicas posteriores determinaron con certeza que su extinción fue provocada por una combinación catastrófica de factores ambientales. El cambio climático alteró los patrones de neblina e intensificó las sequías en las cumbres de Monteverde a finales de los años 80, elevando las temperaturas del microclima. Estas condiciones anómalas debilitaron el sistema inmunológico de los sapos y favorecieron la propagación letal del hongo quítrido (Batrachochytrium dendrobatidis), un patógeno que ataca la piel de los anfibios y que erradicó por completo a toda la población en un período de tiempo sumamente corto.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *