Pizote

Pizote

Pizote (Nasua narica)

Nombre común Pizote
Nombre científico Nasua narica
Orden Carnivora
Familia Procyonidae (mismo grupo de los mapaches y martillas)

Características

El pizote se caracteriza por tener la cola y el hocico muy largos y móviles. Su coloración es marrón pálido con tonos negros; los ojos simulan una máscara oscura, mientras que el hocico, la barbilla y la garganta tienden a ser blanquecinos. Su cola, que casi siempre lleva erguida como una antena, mide de 50 a 65 cm de longitud, y su peso corporal normalmente oscila entre los 5 y 9 kg.

Tienen hábitos estrictamente diurnos. Los machos adultos son solitarios, pero las hembras y las crías se organizan en grupos (llamados bandas) que son sumamente sociales y ruidosos.

Hábitat y distribución

El pizote está distribuido en prácticamente todo el territorio nacional. Se adapta a una gran variedad de ecosistemas: se le observa con facilidad en el bosque seco, el bosque lluvioso y el bosque nuboso, abarcando un rango altitudinal enorme que va desde el nivel del mar hasta los 3.500 metros de altura. Algunas zonas de avistamiento muy comunes incluyen Guanacaste, el Pacífico Sur, Sarapiquí y las faldas de la mayoría de volcanes.

Pizote

Alimentación

Son forrajeadores incansables tanto en el suelo del bosque como en las ramas de los árboles. Su dieta es sumamente amplia (omnívora) e incluye:

  • Frutos: Especialmente almendro de montaña, jobo y guabas.
  • Animales pequeños: Cangrejos, lagartijas, sapos, ratones, serpientes e insectos (gusanos y escarabajos).
  • Otros: Huevos de aves y carroña.

Situación actual

Afortunadamente, el Nasua narica todavía es una especie fácil de encontrar gracias a su enorme capacidad de adaptación. Sin embargo, su comportamiento natural se ha visto muy afectado por la presencia humana. Hoy en día es muy común verlos merodeando áreas de campamento, miradores de carreteras o basureros.

Nota ecológica: Aunque verlos cerca de la gente resulta llamativo, alimentarlos con comida humana daña gravemente su salud, altera sus dinámicas sociales y los vuelve dependientes, por lo que se recomienda no darles alimento ni dejar desechos orgánicos a su alcance.

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